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¿Por qué los profesionales recomiendan no usar chanclas?

Llega el verano y con él, el calzado más odiado por los profesionales como los de Podología Elena García en Granada: las chanclas. La mayoría de profesionales recomiendan no usar chanclas para caminar, y es que por desgracia son el calzado por excelencia durante estos meses. Aunque todo el mundo en verano lleve chanclas, ya sea por comodidad o para huir del calor, lo cierto es que, a pequeños ratos, como a la hora de la piscina, no supone tanto problema, como cuando son elegidas para caminar de manera diaria.

Las chanclas son un calzado diseñado para usar, a modo de prevención, para piscinas, vestuarios, lugares públicos como duchas para evitar el contagio de papilomas, de hongos y para tener los pies protegidos de cualquier otro elemento que pueda encontrarse en el suelo. Pero no como calzado habitual, pues no proporcionan los elementos imprescindibles que debe tener un zapato para ser cómodo y seguro.

Por su comodidad y rapidez para ponerlas y quitarlas, se convierten en el calzado estrella de la temporada. El problema es que salen de pequeños ámbitos domésticos a la calle, como elemento principal, para poder tener los pies “fresquitos”, sin saber que se están perjudicando más que beneficiando. Abusar de las chanclas puede provocar inestabilidad al caminar, dolor, inflamación y otros problemas.

¿Por qué los profesionales recomiendan no usar chanclas?

Analizamos a continuación cuáles son los problemas que puede generar el abuso de chanclas a la hora de caminar habitualmente.

Son inestables

Es un calzado que no tiene casi sujeción, más allá de la tira que sujeta los dedos. Esto provoca que la marcha sea mucho más inestable, con más posibilidades de sufrir una torcedura o un esguince. A su vez, los materiales suelen ser de baja calidad, causen rozaduras en los pies y al mojarse resbala, lo que provocaría una pérdida de equilibrio.

Consecuencia: dedos de garra

El gesto de caminar consiste en alternar un pie en el suelo con otro que vuela en cada paso. Pero este tipo de zapato obliga a realizar una acción con los dedos poniéndolo en garra para intentar sujetar la chancla al caminar. Este gesto no es fisiológico y genera una tensión mayor tanto en los dedos como en la planta del pie, lo que produciría daños que acabarían lesionando el pie a un corto o medio periodo de tiempo.

Por ello, no se aconseja llevar este tipo de calzado durante horas, y mucho menos para realizar paseos largos ni recorrer medias distancias, pues el pie sufre mucho más de lo que parece.

Fascitis plantar

La fascitis plantar es una inflamación de la fascia plantar, que es el tejido que va desde la base de los dedos hasta el talón del pie (en este artículo anterior puede conseguir más información). El dolor que se genera es muy agudo y suele focalizarse en la zona del talón. Cuando se utilizan chanclas de manera regular su aparición es muy elevada. El hecho de tener que forzar la “garra” de los dedos aumenta la tensión y es lo que origina el problema y el dolor.

Además, aumenta la tensión en las estructuras musculares posteriores de la pierna, como el talón de Aquiles, los gemelos o los isquiotibiales.

Puede alterar el patrón de la marcha

La forma de caminar puede verse modificada con el uso de las chanclas al dar más pasos cortos. Si se llegara a alterar la musculatura de la pierna se crearán problemas y se padecerán dolores, algo que es totalmente innecesario.

¿Qué calzado recomiendan los profesionales?

Cuando llegue la hora de cambiar a un calzado fresco, es mejor optar por unas sandalias. Que se ajuste bien al pie y sobre todo que tenga una buena sujeción al tobillo, que es lo que evitará los “dedos de garra” y permitirá andar con normalidad sin tener que sobreesforzar otros músculos. El calzado debe ser transpirable, con una suela resistente al calor para evitar que el pie se caliente por debajo. 

 

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